El loto nace en el fango, atraviesa el agua y florece puro.

De la misma forma, sea cual sea nuestra situación, podemos avanzar en el camino,
y florecer para beneficio de los demás.

Foto: Martín (Thupten Chophel)
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ROSALÍA DE CASTRO Y EL BUDISMO


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Entre el Cielo y la Tierra:

Por Martín (Thupten Chophel)

  

Si seguimos un camino espiritual, como por ejemplo el Budismo, tenemos que tener renuncia al mundo y lo que nos rodea, luego bodhichita o la Mente del Despertar para Beneficio de todos los seres, y por último comprensión de la Vacuidad, o que todo es un fluir y sin existencia sólida. Esto desde mi punto de vista representa el cielo, el querer despegar del samsara y del sufrimiento y llegar a un punto de luz y de referencia, que pueda aportar soluciones y felicidad.

Por otro lado tenemos lo seres que nos rodean, de cualquiera de los 6 reinos de existencia: humanos, dioses mundanos, semidioses mundanos, animales, espíritus ávidos y seres infernales. Si somos plenamente consciente de que son tanto o más importantes que nosotros, y queremos traerles amor, felicidad y aliviarles del sufrimiento, entonces estos seres son los que nos conectan con el mundo y nos dan sentido a nuestra función terrenal. Son los que nos dan nuestra tierra a labrar y una base sólida e ilusión para seguir mirando al cielo.

Ahora detallo los síntomas e inconvenientes de mirar demasiado al cielo o atarse demasiado a la tierra:

Cuando miramos demasiado al cielo, nos volvemos rígidos, duros, cerrados de corazón y lejanos de los seres. Nos faltan los pequeños detalles y la sensibilidad se puede llegar a perder. Esto no quiere decir que no miremos al cielo nunca, sino que es hora de poner los pies en la tierra. Caso de que no lo hagamos, podemos perder casi toda realización del camino espiritual, especialmente si estamos en el Majayana, (camino a favor de todos los seres), y quedarnos sólo como practicantes buscando nuestra propia liberación, y olvidándonos de los demás.

Cuando nos atamos demasiado a la tierra, los apegos nos esclavizan, la cabeza no está fría, el miedo está presente, tanto a la muerte nuestra como a la de los demás, o a perder amigos. También acusamos a los verdaderos practicantes de hacer las cosas mal, e incluso podemos abandonar el camino totalmente. La mente está ofuscada y llena de emociones negativas. En resumen estamos en el samsara o rueda de existencia cíclica.

Después de explicar los dos extremos, entonces por sentido común y además tal y como dice la doctrina del Buda, del camino medio, debemos estar entre el cielo y la tierra.

Si hay un practicante espiritual que se va de retiro a un lugar en soledad muchos años, debe encontrar su ilusión en ayudar a los seres en cuanto acabe el retiro y por supuesto durante el retiro, si conoce los medios para hacerlo. También mantener su ilusión cada día, no perderla nunca, pues es como que un mechero pierda su piedra de encender, que es el querer ayudar a todos los seres. Por mucho gas que salga, no se enciende el fuego, por mucha práctica que tengamos, la realización no aparece.

Por el contrario si un practicante espiritual, vive en familia, incluso con un trabajo de bastantes horas, debe ver el trabajo como ofrecimiento a los Budas y a los seres, reflexionar en la ecuanimidad hacia todos los seres, y actuar con su familia como si fueran la propia divinidad, (ojo a veces habrá que corregirles y exigirles, pues aún no tienen la realización de la divinidad perfectamente), y así que esta familia valga para extender la paz, el amor, la sabiduría, la compasión, hacia muchos seres. Las posesiones terrenales no son el objetivo, sino el medio, y continuamente debemos reflexionar en que la familia es el medio que nos ha tocado para transmitir la enseñanza de Buda a la propia familia y a la sociedad.

Espero que estas pequeñas reflexiones os ayuden. Un abrazo a todos y todas.

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