El loto nace en el fango, atraviesa el agua y florece puro.

De la misma forma, sea cual sea nuestra situación, podemos avanzar en el camino,
y florecer para beneficio de los demás.

Foto: Martín (Thupten Chophel)
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ROSALÍA DE CASTRO Y EL BUDISMO


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RINCÓN DEL BUDISMO

 

 


El Talento no se debe desperdiciar:

Por Martín (Thupten Chophel)

 

Todos hemos nacido y sido educados, con mejores o peores condiciones. Hemos tenido familia o amigos que nos han enseñado cosas, o buenos profesores que nos han transmitido muchos conocimientos. También puede que desarrollemos una habilidad de forma natural y sin formación previa a cargo de otras personas.

 

Cuando somos conscientes de nuestro bagaje de conocimientos y habilidades, independientemente del trabajo que desempeñemos, tenemos la obligación moral de que el talento que tenemos para determinadas actividades, no dejarlo en el baúl de los recuerdos, sino estimularlo y plasmarlo con actos, creando objetos, espacios para los demás, escribiendo libros, etc, etc, etc. Esto requiere esfuerzo y voluntad, y no dejarnos llevar por la comodidad, pues estamos cansados del trabajo diario.

 

No sé si recordáis la parábola cristiana de los talentos, pero venía a decir que Dios nos entrega unos talentos y debemos trabajar con ellos en la vida e incrementarlos. El que tiene menos talentos no está tan obligado a dar muchos resultados, pero el que sí tiene muchos talentos, está obligado a dar más y no ir para atrás. Dios exige más al que más le da. Según el Budismo, nuestros actos del pasado, incluso de vidas pasadas, determinan nuestra vida ahora y las condiciones que tenemos. Si realmente somos algo privilegiados en algunos aspectos, conocimientos y habilidades, debemos aportar con ellos a la sociedad y mejorarla y transmitir este talento o perfección. El adquirir estas habilidades y conocimientos, nos ha costado mucho esfuerzo y energía positiva en esta vida y en las pasadas, y si no los mantenemos y estimulamos, los perderemos y la sociedad se perderá esa luz positiva, esa capacidad de evolución que podemos darle.

 

Por tanto, debemos ser conscientes de lo afortunados que somos con nuestras pequeñas o grandes capacidades, y hoy en día en esta sociedad tan difícil que nos ha tocado vivir, debemos ponerlas al servicio de la sociedad, bien sea en nuestro trabajo, pero también es muy importante fuera del trabajo y sin buscar dinero a cambio, para que así podamos llegar a gente que está económicamente mal, y no puede permitirse el lujo de ir a escuelas privadas de arte, a clubs selectos donde la cuota de inscripción es muy cara, que no puede pagarse conciertos de música clásica o de buenos cantantes.

Por supuesto que el talento al servicio del trabajo también es fundamental y muchos directivos con grandes capacidades organizativas, con visión de futuro, con respeto por el ser humano, pueden traer enormes beneficios a la sociedad, y nosotros con nuestro trabajo bien hecho también, sea donde sea.

 

Insisto en que hay un sector de personas que con su trabajo remunerado, está aportando muchísimo equilibrio a la sociedad, como pueden ser artistas, personal de ONGs, políticos honrados al servicio de la sociedad. Pero mi pequeña reflexión es que no sólo se deben limitar a actividades remuneradas, sino también aportar con cierta frecuencia, su tiempo y esfuerzo a favor de causas justas, sin pedir nada a cambio y fuera de su horario de trabajo. Así lo hacen muchos artistas, y es fuente de regocijo para mi. No voy a entrar en nombres, pero todos sabéis que hay artistas que hacen conciertos solidarios, que dirigen o colaboran con una Fundación u ONG. El efecto de sus actos es inmensamente positivo e inspirador para muchísimas personas en especial jóvenes, que son nuestro futuro como sociedad.

 

Como conclusión dejémonos de pedir y exigir a los demás que se pongan a nuestro servicio y pongamos nuestras cualidades o talentos al servicio de los demás. Esto es la madurez como persona, no hay otra manera de llegar a ella, pero no significa que los que no han llegado a la madurez sean malas personas, sino que están aún en un momento previo a esa madurez en una niñez o pubertad espiritual, por ello debemos seguir respetándolas y animándolas. Quizás en el futuro su madurez llegue gracias a nuestro ejemplo, eso sí, si no son, al menos respetuosas con nuestro trabajo, con nuestra forma de ver la vida, de aportar nuestros talentos y desarrollarlos, es mejor alejarse de esas personas, pues los tesoros no son para enseñar a quien los ensucia y destroza, o a quien es avaro y sólo busca tener una colección cada vez más completa, basada en el ansia desmedida, y no en el enriquecer la sociedad y a uno mismo.

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